Talleres vencio a Instituto y se quedo con el clasico Cordobes y la Copa Desafío.

Para quien no tenga pegada al cuero la camiseta de Talleres, bien podría resultar exagerada la forma en que el equipo albiazul festejó anoche el triunfo, que de amistoso sólo tuvo el calificativo, frente a la Gloria. Pero sucede que este clásico cordobés, “segundón” si se lo compara con el mayor entre la “T” y Belgrano, fue adquiriendo vida propia y alimentando una pica que lo asemeja bastante al mayor.

Así, los hinchas albiazules se predispusieron a hacer del de anoche “su” clásico, ése que la diferencia de categorías impide.

Y como para que no festejaran, dentro de la cancha y afuera, si todo les salió redondo. Fueron ubicados debajo de la “Maquinita de Escribir” y colmaron su espacio, porque la parte superior estaba inhabilitada. Un sector del Monumental “Juan Domingo Perón” en el que los visitantes se sienten más visitantes, se diría que radicales, hasta por el color albirrojo.

Y armaron una fiesta propia de clásico de la Primera B Nacional o de Primera División. O de Jesús María, por el color y el calor. La avivada inicial de Lisandro Sacripanti, tan rápido de la cabeza como de las piernas, los encendió. Se movían como una marea y contagiaron a los de la preferencial Sucre, mofándose de la fiesta que montaron las bengalas albirrojas en la otra mitad del estadio.

No todo fue color de rosa
Sufrieron con el empate parcial de Iván Furios y se adormecieron con el 2-1 de penal de Leandro Lázzaro, pero cuando Adrián Aranda igualó por la misma vía, resucitaron. Con la misma energía con que repudiaron a los estúpidos propios que se apedrearon con otros tantos imbéciles ajenos, a uno y otro lado del pulmón que separaba la Sucre de la popular albirroja.

Y hasta ovacionaron al mítico “Paco” Cabasés, cuando bastón en mano, cual un Perón redivivo, con sus 94 años y desde uno de los palcos, instó a un par de hinchas albiazules para que dejaran de tirar piedras. Y terminaron de armar la fiesta con todo el cotillón, cuando Sacripanti, tan rápido de arriba como de abajo “parte II”, volvió a madrugar a Jorge Carranza y le puso el 3 a 2 final a un clásico con todas las de la ley.

Después del triunfo los hinchas tallarines repararon que ganaron la “Copa Desafío” por segunda vez, sin definición por penales, y que lograron vengar la última caída oficial en Alta Córdoba, el 4 mayo de 2009, con aquel gol de Alejandro Faurlin, festejado a lo Juan Román Riquelme y su “Topo Giggio”.

Es una lástima que estos clásicos no se den más seguidos, porque el mejor condimento lo puso el público y su pasión. La presencia de las dos hinchadas le dio un marco único al partido en Alta Córdoba, con un duelo de estribillos seductor. Y aunque los incidentes del final del partido opacaron un poco la fiesta, quedó otra vez demostrado que el fútbol, con hinchas visitantes, es otra cosa.


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